RESULTADOS DEL EXPERIMENTO: 100 días sin smartphone

Ya pasaron 100 días desde que decidí comenzar el experimento #30DíasSinSmartphone, un reto que suponía una grandiosa oportunidad de aprender a vivir cómodamente sin celular, de permanecer fuera de Whatsapp e instagram, de estar un mes sin contacto móvil instantáneo y de existir primero, para luego compartir.

El experimento, más que una oportunidad lo vi como una elección. Sin embargo, la desconexión con el mundo que me rodea es cada día mayor. Desconozco infinidad de cosas de mis clientes, amigos y personas que me interesan. Cosas cotidianas que pasan día a día, unas interesantes y otras, no tanto.

No sé si ver esto como una desventaja o no, pero le daré el beneficio de la duda, ya que aún me intriga saber el impacto que puede tener en mi vida, mi persona, mi marca y mi negocio, el no usar smartphone ni aplicaciones que permiten conectarme y realizar acciones concretas.

Cuando aparece la tecnología, nuestra vida cambia. Obvio, a mejor en la mayoría de los casos. Pero desconectar te da otro prisma con el qué observar y potenciar lo que realmente importa cuando vuelvas a entrar.

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Existo, luego Pienso. Existo, luego Comparto

Este experimento surgió a raíz de una serie de preguntas que un día, mientras me desplazaba en un taxi, me formulé.

En este mundo conectado ¿Por qué haces las cosas que haces? ¿Por placer, disfrute, sentido, propósito? ¿O por tener una historia sensacional que poder contar a otros? ¿Haces las cosas para sentirlas o para comunicarlas? ¿para vivirlas o para contarlas? ¿vives cada día como si fuera el último de tu existencia o como si fuera lo más interesante para mostrar en tu instagram?

No sé qué va a pasar dentro de un tiempo ¿quién lo sabe?. Imagínate mañana, la semana que viene, el mes próximo o al siguiente año ¿estaremos todavía aquí?… Lo que sí sé, es que no quiero volver a perderme ni una sola hora de mi vida por estar pendiente de las notificaciones de un smartphone.

¿Y eso implica un sacrificio? No, todo lo contrario. Desde el 20 de mayo hasta el día de hoy, estoy viviendo igual de genial. Con la excepción de que cualquier cosa que hago, trabajo, siento, digo o vivo, se nota como más real, más presente, más auténtica.

No es la experiencia la que hace nuestras vidas, sino lo que hacemos con ella! Clic para tuitear

Evitar que el smartphone domine mi presente

Cada día veo personas que no llegan a nada por querer llegar a todo. Al menos no llegan a casi nada de lo que pretenden.

Vivimos cada día con el miedo a perdernos cualquier cosa. A cambio, la idea que quiero perseguir es precisamente la contraria:  perderme el máximo de cosas que vienen de ahí afuera para encontrar el máximo de cosas que vienes de ahí adentro.

Yo por ejemplo, quiero aprender de todo lo que pueda, hacer todo lo que me apasiona, colaborar con la gente que me inspira, trabajar para unos pocos clientes, contar mi historia solo a quien resuene con ella, amar a los que amo, continuar ganándome la vida sin ser esclava de nadie y SER exitosa para mí y no para el mundo.

Estoy casi segura que si dejamos de estar tan pendientes del mundo, podremos estar más atentos a todas esas cosas que pasan ahí dentro de tu vida y empezar a tomar más acción para crear un mejor resultado.

Me ha llevado 100 días apreciar los resultados de la otra vida que no consideraba. Y darme cuenta que mientras todos están socializando” en la fiesta, yo estoy haciendo que las cosas sucedan, despierta y sin dejar de «bailar».

Una de las cosas que la tecnología no nos da es como usarla sabiamente. Clic para tuitear

Ventajas y Desventajas del Experimento

Ventajas, muchas. No existen las distracciones, ni las notificaciones, ni los mensajes constantes por comprobar.

Al estar expuesta a cero inputs externos no hay nada a lo que reaccionar y eso es maravilloso.

Si tengo que hacer una llamada la hago a través de mi teléfono celular, o realizando una videollamada a través de skype, o inicio una conversación por hangout.  Si tengo que contactar a alguien de mi messenger, lo hago usando mi computador o tableta o enviando un SMS y eso supone que esté mas consciente del momento y mejore mi productividad.

Hoy en día, siento más conexión auténtica, pues ahora estoy más conectada a lo que ocurre a mi alrededor cuando estoy en restaurantes, transportes o zonas de espera o mientras estoy sola o acompañada. Esto está causando en mi una atención mayor en el entorno, lo cual me está llevando a reflexiones y nuevas ideas, a un mejor desarrollo creativo, a mejorar la construcción de mis conversaciones; y sobretodo, a apreciar la quietud y el aislamiento.

También, despreocupación de las cosas que antes parecían muy importantes y ahora visto desde otra perspectiva, no lo son tanto. Ya no vivo pensando en quien sería la persona que me llamó con número desconocido. Ya no me angustio en un autobus al pensar que alguien podría arrebatarme el smartphone  de las manos o prevenirme de no sacarlo del bolso. Ya no estoy pendiente de cuántos mensajes tengo cada 15 minutos o si algún cliente habrá tenido algún problema con su sitio web.

He adquirido mayor dedicación. Primero a mis clientes, amigos y familia y luego a mi comunidad, ya que mi capacidad para interactuar con todos ellos ha incrementado y mi telenofobia ha disminuído increíblemente. Esto es paradójico, por que se supone que estoy más desconectada que nunca y es cuando más trabajos y nuevos proyectos, me han surgido.

Desapego y distanciamiento es lo que siento por el smartphone en estos momentos. No tengo la necesidades ni el interés de usarlo, no me siento tentada en absoluto.

Si algo va mal, seguro que cuando lo sepa trabajaré en arreglarlo.  Si hay alguien que necesita de mi ayuda, le ayudaré en cuanto logre contactar con ella o él. Si hay alguien que me echa de menos, supuestamente lo sabré cuando conectemos de nuevo. Si tengo algo importante que hacer, lo haré cuando lo recuerde. Si los extraterrestres llegan a la tierra e invaden mi ciudad, seguramente me enteraré. Hasta entonces el momento es más intenso y exprimido, sin ataduras, sin restricciones, sin obligaciones, es la mayor libertad que he sentido.

Pero no todo es bueno, también existen las desventajas. Y debo admitir que por muchos momentos tuve una extraña «sensación de vacío» cuando quería alcanzar a alguien que usualmente alcanzaba por medios de mensajería instantánea o conectarme con personas de las que ahora no se absolutamente nada (como tú).

No me siento excluida de la sociedad, no me siento preocupada por no saber cómo los demás se divierten sin mi, no me siento aislada por no saber qué pasa en el mundo. Lo que me sucede es que tengo miedo; miedo a estarme perdiendo de algo importante con la gente que amo y que está lejos.

Tranquilidad significa ir a un sitio y no tener que hacer 10 fotos de cada ángulo del restaurante. Clic para tuitear

Aprendizaje: Se trata de ser y no de tener

El aprendizaje es aprender a desactivar las notificaciones, disminuir el número de aplicaciones, revisar tus mensajes sólo en ciertos momentos del día, seleccionar mejor tus contactos, educar a tu cliente y consumir menos basura digital que te distraiga de lo verdaderamente importante.

Básicamente, lo que he acabado aprendiendo al final del día, es que un smartphone no es imprescindible. Sin embargo, la idea de vivir sin él, se hace insoportable. Quizás por el miedo a perdernos algo mágico, o no recibir esa llamada que signifique el salto al estrellato o estar desconectado cuando entra el email de ese cliente que demanda una consultoría de cinco cifras.

No sé exactamente como explicártelo, supongo que es la suma tantos días de experimento, pero me siento realmente mejor que cuando tenía smartphone. Veo las cosas con más claridad, mi concentración en las tareas y responsabilidad que me importan, ha aumentado.

La calidad de las relaciones personales y profesionales es más respetuosa y atenta. Mi productividad roza lo absurdo. Noto que mi capacidad de reacción y atención es inmensamente mayor. Y no tengo la sensación de estar siempre conectada, lo cual es bueno para mi curiosidad y creatividad.

Otra de las claves del experimento de vivir sin smartphone es que te enseña a que podrías no estar y las cosas no cambian. La mayor parte de la población no te echará de menos. 

Ahora estoy en la capacidad de elegir cuando crear un estímulo y no, cuando reaccionar a uno. Clic para tuitear

No creas nada hasta que no lo experimentes

No empecé este experimento por fatiga social. Sin embargo, al realizarlo me he dado cuenta de que está siendo una decisión que supone una gran diferencia en mi vida, porque me aleja de la idea de creer que una “interrupción”, (como las notificaciones móviles, actualizaciones de estado y mensajes instantáneos) me supone una conexión con el mundo, cuando es todo lo contrario.

A veces necesitamos encontrar una vía de escape que nos permita desconectar de todo el ruido. Perderse, para volverse a encontrar. Parar, para seguir avanzando. Desconectar, para seguir estando conectado.

Es el único consejo no solicitado que te daría. Pruébalo. 5 días, 15 días, 30 días, lo que consideres, pero pruébalo. De no hacerlo, te estás perdiendo algo que no haz considerado nunca, porque antes no existía.

Me gustaría que te desafíes y cambies la perspectiva porque una vez que has conseguido situarte en el “otro extremo” te darás cuenta de lo que sucedía de aquel lado en el que vivías. Y no quiero ser yo la que te diga qué es lo que sucede ahí, prefiero dejar que lo descubras por ti mismo, pues no deberías creer nada hasta que no lo experimentes.

“Los seres humanos lo tienen todo, pero carecen de sí mismos” Clic para tuitear